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ESTRENO BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA 2026
En esta obra, Ana Morales concibe la rapsodia como una forma musical libre. Un viaje de descenso que nos lleva a un tiempo imaginario y lugar imaginario. Un descenso órfico, si se quiere, que es caída sin tropiezo, búsqueda que atiende a una llamada.
Tras la caída, emprendemos un camino en busca de orientación, pero se trata de un viaje sin mapas ni planes preconcebidos que permitan hallar de forma sencilla una salida.
En ese descender hacia el origen, la víscera y la tierra, el gesto aéreo cobra sentido, lo telúrico y lo jondo se nos muestran como algo elevado y se descubre que, como escribiera el poeta, «allá donde está el peligro se encuentra también la salvación».
Se trata de una apuesta radical, fuera de los códigos convencionales, y las sensaciones que provoca no se miden en likes. Es, simplemente, algo distinto, el fruto de una búsqueda que no ha terminado, que no puede terminar. Si usted está dispuesto a vivir una experiencia diferente como espectador, a adentrarse en territorios de experimentación y riesgo, entonces sí, acompáñenos sin miedo. Hay espectáculos más superficiales, pero están en otra parte.
Un espectáculo sugerente, inquietante, verdadero.
Ana tiene recursos sobraos y un surtido de mudanzas, ora flamencas, ora clásicas o vanguardistas que, perfectamente hiladas y con intención, elaboran un discurso que cala y llega al tuétano. No hay atisbo de transgresión provocadora: solo la creatividad de un discurso artístico al alcance de muy pocas.
Está claro que Ana Morales hace tiempo que no se conforma con el flamenco como lenguaje único, por eso, sin alejarse de sus orígenes, ha desarrollado un repertorio coreográfico propio y un vocabulario basado en la interrelación del flamenco lenguajes contemporáneos. El futuro no se espera. Ya llegó.